UN MUNDO SECO - Causas y consecuencias de la crisis hídrica 

13.07.2023

El acceso al agua y al saneamiento son un derecho humano no reconocido hasta el siglo XXI. Desde el año 2010 la ONU reconoce el agua y el saneamiento como un derecho humano fundamental. De esta forma, se le pidió a los países miembros que pusieran en marcha medidas para asegurar el agua potable y saneamiento a los millones de personas que aún no tienen acceso a la misma. Es innegable que se trata de un gran avance el reconocimiento del agua como un derecho, sin embargo, también es innegable que continúan siendo millones de personas las que aún no tienen acceso. 

 El 25% de la población mundial no tienen acceso a servicios de agua segura, según datos de 2020. Las crisis recientes como lo fue el COVID, Ucrania, y el acelerado ritmo en el que decae el cambio climático, empeoran esta situación. La gestión del agua dulce sigue siendo insostenible, no siempre se respeta el consumo humano como prioridad frente a otros usos. Se calcula que del agua dulce disponible, tan solo el 12% se dedica a consumo doméstico, un 69% a la agricultura y un 19% a la industria. Dentro de toda la población afectada, las mujeres y niñas siguen siendo las más afectadas por esta injusticia, se calcula que mujeres y niñas de algunas regiones de África dedican 200 millones de horas diarias a obtener agua, la cual no es limpia, potable o suficiente, impidiéndoles el acceso a otros derechos como la educación, el trabajo o la salud. 

En 1999 se creó el "Protocolo sobre Agua y Salud", un acuerdo internacional para abordar cuestiones de agua y de salud pública y para garantizar suministros de agua potable y un saneamiento adecuado para todos. Este protocolo proporciona un marco en el que poner en práctica este derecho humano. También para potenciar las medidas para una mejor gestión del agua de los recursos hídricos y la protección de los ecosistemas acuáticos; así como la prevención, control y reducción de las enfermedades vinculadas con el agua.

 En la actualidad, estamos muy lejos del saneamiento y gestión del agua sostenible. Más del 80% de las aguas residuales resultantes de la actividad humana se vierte en fuentes de agua sin que se haya realizado ningún tipo de tratamiento para minimizar su impacto en el medio ambiente. La contaminación del agua y un saneamiento deficiente están detrás de las cerca de 500.000 muertes por enfermedades diarreicas que se producen cada año. 297.000 son de niños y niñas menores de cinco años. Como consecuencia, las personas se ven expuestas a otras enfermedades como el cólera, la diarrea, la disentería, la hepatitis A, la fiebre tifoidea y la poliomielitis, y agrava el retraso del crecimiento. La crisis climática también afecta a la falta de agua, generando extremas sequías que aumentan a lo largo y ancho del mundo. 

Argentina, Uruguay y Chile atraviesan una sequía extrema y altas temperaturas, provocando pérdidas de cosechas y poniendo en riesgo la seguridad alimentaria, el acceso al agua, la salud de las personas y también los ecosistemas. El análisis de la Atribución Meteorológica Mundial ha concluido que el cambio climático no es el principal impulsor de la reducción de las precipitaciones. Sin embargo, ha demostrado que el cambio climático ha producido un aumento de las temperaturas en la región, lo que probablemente ha reducido la disponibilidad de agua y empeorado los impactos de la sequía. El alto impacto de la sequía en la agricultura y la actividad económica pone de manifiesto la necesidad de reducir la vulnerabilidad ante la falta de precipitaciones, tomar medidas que mejoren la gestión del agua y la anticipación de la sequía mediante previsiones estacionales y establecer mecanismos de seguro para ayudar a los agricultores a hacer frente a estos fenómenos y mejorar la resiliencia. 

La región también sufre olas de calor intensas, cuya frecuencia y duración han aumentado por el cambio climático. En el estudio reciente realizado en la zona, los científicos de la Atribución Meteorológica Mundial han descubierto que el cambio climático inducido por el ser humano ha provocado que las temperaturas extremas en diciembre de 2022 fueran unas 60 veces más probables. Según el Servicio Meteorológico Nacional de Argentina, los meses de noviembre a enero han sido los más calurosos de la historia y ya se está registrando la octava ola de calor de la temporada. Esto ha provocado incendios devastadores en el centro de Argentina, y también en Chile, derritiendo los glaciares andinos, perjudicando la calidad del aire y enviando columnas de humo a través del Pacífico.  

Estamos frente a las causas y consecuencias de una crisis que aumenta fuertemente por el rol del hombre. La privatización de recursos naturales, considerados un derecho humano en todo el mundo y, la falta de cuidado en nuestro sistema para cuidar lo que la tierra nos brinda, nos lleva a estar atravesando esta crisis hídrica. 

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